escucharon los milagros

de sus dueños,
rieron con historias
de unos reyes y su pueblo,
de caballeros andantes,
de mercaderes y necios,
callejuelas,
catedrales
y un paraguas de por medio...
así fue pasando el tiempo.
Él en el cansancio
cedió su hombro,
de amabilidad lleno su pelo,
cubrió de dulzura sus manos
y sonrió bajo la lluvia al encuentro.
Ella pasó su brazo
por entre los suyos,
se agarró al abrigo
de su mirada
y como una niña
que quiere ser mimada,
se dejó arropar
con aire puro.
Esa noche,
al escapar de la locura
que andaba suelta,
entraron en el cariño,
en la suavidad,
en el mimo,
se acurrucaron tranquilos,
entrelazando sus cuerpos
y acariciando sus suaves pieles
se mecieron en silencio,
en una agradable noche
se mimaron los afectos
y durmieron en secreto.
Tu Hada generadora de cariño
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